Tarde de color, calor y sabor: Hilvanando Recuerdos en La Sombrera
El pasado 9 de abril, La Sombrera rindió homenaje a tres costureras que han cosido la vida cotidiana de Fasnia durante décadas: Lolita, Nena y, in memoriam, Armandina Díaz Marrero.

Tarde de color, calor y sabor: Hilvanando Recuerdos en La Sombrera
El pasado 9 de abril, el barrio de La Sombrera se vistió de fiesta para rendir homenaje a tres mujeres a las que Fasnia le debe buena parte de su paisaje cotidiano: sus costureras. La actividad, organizada por las vecinas y vecinos de La Sombrera dentro del proyecto Fasnia Activa Comunidad 3, fue exactamente lo que prometía su título: una Tarde de color, calor y sabor en la que se hilvanaron recuerdos.
Una tarde con tres tiempos
La cita arrancó a las 18:00 con la Eucaristía del Jueves de la Octava de Pascua, un marco de recogimiento que ya forma parte del calendario afectivo del barrio. A continuación llegó el momento central: el reconocimiento a "La Magia de la Costura", dedicado a tres costureras que han marcado la vida de varias generaciones en el municipio. Y para cerrar, una pequeña merienda que sirvió de excusa para lo más importante: seguir contándose.
Tres nombres, tres maneras de coser un pueblo
Lolita
Sesenta años de oficio caben difícilmente en unas líneas, pero Lolita lo intentó con la elegancia que la caracteriza. Empezó muy joven, en un taller de costura en La Aldea de Fasnia dirigido por Violinda Viera y sus hermanos, y después se formó con María Esther, la esposa del picador. Su padre la sacó del taller a mitad de aprendizaje preocupado por las miradas de los pibes a la salida, pero la costura ya iba con ella en la sangre.
Profesionalmente arrancó a los 16 años con dos vestidos azules — uno para Montse y otro para Lela — y enseguida saltó al traje de novia para unas gemelas que se casaban el mismo día, a 1.000 pesetas cada uno. "¿Por qué no puedo hacer un vestido de novia? Si es lo mismo, pero con más tela", se decía a sí misma para darse fuerzas. Estudió casi dos años en Santa Cruz con dos profesoras catalanas, y de allí volvió para recorrer municipios dando clases de corte y confección. Resume su trayectoria con una frase que vale por una vida entera:
"¡Con cualquier trozo de tela hacía un vestido!"
Nena
Nena empezó a coser a los 18 años de la mano de Agustina, y el primer traje de novia lo hizo en su casa de La Zarza para su prima Carmen. Hace 61 años que se instaló en La Sombrera — el mismo lugar que ahora la homenajeaba. Por su taller pasaron, aprendiendo y ayudando, Charo, Berta, Yeya, Elena y Palmira, a las que recuerda con un cariño que no admite ranking.
Las épocas de más faena eran las fiestas del pueblo, los carnavales y las bodas: las novias se vestían en su casa, con una o dos pruebas previas para ver "cómo quedaba el diseño". Como además trabajaba en la huerta, se levantaba a las dos de la madrugada para sacar adelante los encargos. En aquellos años el traje más caro costaba 100 pesetas. Hoy, con 88 años, sigue cogiendo trabajos:
"Como siempre ha sido mi profesión, lo hago con mucho gusto."
Armandina Díaz Marrero (1924 – 2007)
A Armandina la representó su familia, que recogió este reconocimiento in memoriam en nombre de una mujer que cosió Fasnia durante décadas. Empezó muy jovencita en la habitación anexa a la venta de su tía Felisa en Los Morros Vivos, aprendió corte y confección con su prima Piedad cuando llegó al pueblo una maestra de fuera, y cosió siempre acompañada por sus hermanas Emma, Isabel y Nina. Se casó en 1955 y trasladó el taller a su casa de la Carretera General.
Trabajaba con el sistema Martí y, más adelante, con los patrones de la revista BURDA, combinando ambos métodos para mantenerse al día con los cambios de moda — el ancho del pantalón, la forma de la manga, la solapa. Hasta 1965, cuando llegó la luz eléctrica a Fasnia, cosió con quinqué, vela o lámpara de gas, con la plancha calentándose en el fogón de la cocina y la dificultad añadida de controlar la temperatura.
Su casa fue escuela: cada año pasaban por allí alrededor de veinte mujeres jóvenes aprendiendo a coser su propio vestido para las fiestas patronales. Sus clientas venían de Fasnia, La Zarza, La Sabina Alta, La Sombrera, Chajaña, Cruz del Roque y hasta Santa Cruz, y se llevaban las prendas envueltas en un mantel o una toalla que traían de casa. En épocas de mucha faena, cosía día y parte de la noche.
Una semillita que apenas empieza
Reconocer a Lolita, a Nena y a la memoria de Armandina ha sido un primer hilo, pero quedan muchas mujeres en Fasnia — y en tantos otros pueblos de la isla — cuyo trabajo ha sostenido la vida cotidiana sin que nadie les diera nunca las gracias en público. Esa es, en el fondo, la apuesta de Fasnia Activa Comunidad 3: poner el foco donde casi nadie lo pone.
Agradecimientos
Esta actividad ha sido posible gracias al impulso de las vecinas y vecinos de La Sombrera, organizadores del encuentro, y se enmarca dentro del proyecto Fasnia Activa Comunidad 3, subvencionado por el Área de Acción Social, Inclusión, Voluntariado y Participación Ciudadana del Cabildo Insular de Tenerife y desarrollado en colaboración con la Concejalía de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Fasnia. Desde AVIVACAN nos sentimos orgullosos de haber podido colaborar en una tarde tan bonita.
A Lolita, a Nena y a la familia de Armandina: gracias por dejarse querer.

